El origen: dos caballetes y una caja de llaves
En 1999 Manuel Domínguez trabajaba en un taller de motos de la avenida de Villamayor y por las tardes arreglaba bicicletas en el garaje de sus padres, en la calle María Auxiliadora, hasta que la clientela creció tanto que en marzo de 2001 alquiló el bajo del Paseo de Castilla 64, un local que antes había sido almacén de una ferretería y que todavía conserva el suelo de hormigón y una argolla vieja en la pared. La primera reparación fue un cambio de radios en una Orbea de paseo. Manuel guarda la libreta con las dos primeras, anotadas a bolígrafo azul, porque dice que un taller sin memoria es un taller sin criterio.
No hubo campaña de publicidad. Hubo boca a boca entre ciclistas que subían del río hacia Garrido, y eso bastó para llenar la semana. En 2003 entró Francisco Jiménez para llevar el almacén; en 2007 Sergio Sánchez se puso al frente de la atención al cliente, y en 2015 Lucía Hernández organizó las citas de los sábados, que aquí se atienden con hora reservada y no por orden de llegada. La nave se amplió en 2011 con una puerta trasera que da a un patio compartido con un taller de electricidad, aunque jamás hemos usado su instalación ni le hemos pedido corriente a su cuadro. Nadie ha tocado su contador. Nunca lo haremos.
Lo que aquí no se hace
El taller no toca vehículos a motor. Una moto, un ciclomotor o un patinete con motor de explosión no entran en los caballetes y no salen reparados de aquí, porque no es nuestro oficio ni tenemos medios para hacerlo bien; tampoco se trabaja en instalaciones eléctricas de vivienda, ni en cuadros eléctricos, ni en circuitos de refrigeración, ni en la fábrica de un edificio, de modo que cuando alguien pregunta por humedades en un muro o por el cierre de una persiana se le indica que busque a un profesional de eso, que nosotros no lo somos y no vamos a fingir que lo somos.
Aplicar pesticidas o biocidas está fuera de cuestión, y no solo por prudencia comercial: no tenemos formación ni autorización para ello, la ley no admite improvisaciones y no vamos a empezar a admitirlas a estas alturas. No se venden, no se aplican y no se guardan en el almacén, ni siquiera en pequeñas cantidades para casos puntuales. Habilant Beam S.C. no afirma tener registro de comercio alguno, licencia profesional ni pertenencia a colegio o asociación sectorial. Nada de eso existe aquí.
El trabajo de cada día
La jornada empieza a las 9:30 con la revisión de la lista de citas y el repaso de las bicicletas que se quedaron la tarde anterior. Manuel y Francisco abren el taller, encienden la luz de los dos bancos y comprueban el compresor antes de que llegue el primer cliente. Lucía aparece a las 10:00 y llama por teléfono a quien dejó aviso el día antes; el número es 923 205682. Sergio atiende el mostrador, que da a la calle, y a media mañana suele haber tres o cuatro personas esperando con la rueda en la mano o con la bici apoyada en la fachada, que es una acera estrecha y obliga a ponerla en paralelo a la pared para no estorbar a quien camina hacia la parada del autobús. Nadie se pone nervioso por eso.
El grosor del trabajo cambia con la estación, y cambia bastante. De febrero a mayo entran puestas a punto: frenos, transmisión, rodamientos, tensado de radios y alineado de ruedas. En junio y julio dominan las revisiones antes de viajes largos por la Vía de la Plata, y en esas semanas el taller llega a tener veinticinco bicicletas en cola, contadas en la pizarra que hay junto a la puerta del almacén. Entre octubre y noviembre se llena el guardado de invierno. El precio de un ajuste básico ronda los 35 euros. Una rueda montada desde cero con llanta de aluminio y bujes de calidad media puede quedar entre 140 y 190 euros, según radios y mano de obra. Nunca se da un presupuesto cerrado sin ver la pieza.
Ruedas, guardado y encargos
El montaje de ruedas es la parte del oficio que más nos ha pedido esta ciudad, y es también la que más tiempo ocupa en el banco de trabajo, porque trabajamos con llantas de 28 y de 26 pulgadas y con radios de acero inoxidable de calibres 2,0 y 1,8 milímetros, y el tensado se hace con tensiómetro y se comprueba con el centrador antes de dar la rueda por terminada, ya que una rueda que sale floja vuelve a las dos semanas y entonces el problema ya es nuestro. Una rueda delantera de uso urbano puede quedar lista en dos días laborables. Una trasera con bujes sellados y cassette, en cuatro o cinco, según existencias.
El servicio de guardado de invierno admite alrededor de sesenta bicicletas y se contrata por temporada, de octubre a marzo. Se etiqueta cada una con nombre, teléfono y una foto del estado en que entró. No se guardan bicicletas con batería de litio montada: la batería se va con el dueño, por seguridad y por espacio. Los encargos de piezas se hacen los martes y los viernes a proveedores de Salamanca y de Valladolid, y si un componente no llega en el plazo previsto se avisa por teléfono o por correo a [email protected] y se explica la demora sin adornos.
Horario, ubicación y citas
Abrimos de lunes a viernes, de 9:30 a 14:00 y de 16:00 a 19:00, y el sábado se atiende con cita previa, que gestiona Lucía Hernández y que exige puntualidad porque ese día hay una sola persona en el taller y una bicicleta en el caballete. Para pedir hora, llamar al 923 205682 o escribir a [email protected] con la marca, el modelo y una descripción breve de lo que ocurre; cuanto más concreta sea la descripción, menos tiempo se pierde en el mostrador y antes se sabe qué pieza hay que pedir. El local está en el Paseo de Castilla 64, 37002 Salamanca, con la puerta de taller a pie de calle. Se llega en las líneas de autobús urbano que suben por la avenida de Portugal y hay aparcabicis público a unos cuarenta metros, junto a la parada. No hay segundo taller, ni sucursal, ni punto de recogida en otro barrio: lo que se trae, se trae aquí.
Llevamos en este oficio desde 2001. La cartera incluye gente de Garrido, estudiantes del campus Unamuno y ciclistas de fin de semana que salen hacia Aldeatejova o hacia Villamayor. No prometemos plazos que no podamos cumplir ni resultados que dependan de una pieza que todavía no tenemos en la mano, y si una reparación no merece la pena, se dice en el mostrador sin rodeos.