Revisar una bicicleta antes de comprarla
Comprar de segunda mano en el barrio de Garrido o cerca de la Plaza de Barcelona exige mirar la bici con calma, sin la prisa de quien ya se ha enamorado del color del cuadro y ha decidido, antes de verla siquiera, que se la lleva puesta. Busque grietas en las soldaduras de la pipa de dirección y alrededor del pedalier, los dos puntos donde se concentran los esfuerzos. Una grieta de un milímetro en el tubo diagonal convierte una ganga de 180 euros en un cuadro inservible. Mueva el manillar con la rueda delantera entre las rodillas. Si el manillar gira y la rueda no, hay holgura en la potencia o en la horquilla, y esa holgura se nota luego en cada bache de la calle Toro.
Levante la bici y haga girar cada rueda: debe dar varias vueltas sin oscilar hacia los lados, y si el aro roza la zapata de freno siempre en el mismo punto, la llanta está descentrada o tiene un llantazo que se notará al frenar. Repase los radios con los dedos, uno a uno, buscando los que estén flojos, porque en una rueda de 32 radios tres o cuatro flojos indican un mantenimiento abandonado durante temporadas enteras. Una cubierta trasera desgastada cuesta entre 25 y 45 euros según el modelo.
La transmisión se mide con un medidor de desgaste de cadena, una herramienta de 8 euros. Sin medidor, pruebe a separar la cadena del plato con la mano. Más de medio eslabón significa cadena estirada. Un cambio completo de transmisión en una bicicleta urbana puede costar entre 90 y 200 euros en piezas, sin contar la mano de obra, así que conviene saber si la cadena se ha cambiado alguna vez antes de pagar.
Los frenos merecen una prueba real, no solo apretar la maneta en parado. Dé una vuelta corta por una calle tranquila, como la calle Toro a primera hora, y frene con decisión. En frenos de zapata, mire que las pastillas no estén cristalizadas ni rozando la cubierta. En frenos de disco, compruebe que el disco no esté alabeado y que la maneta no llegue al puño. Un purgado de freno hidráulico ronda los 30 euros por freno.
Preguntas que conviene hacer al vendedor
Pida el número de serie, grabado normalmente en el tubo inferior del cuadro, y compárelo con el que figure en cualquier documento de compra. ¿Está borrado? Mala señal. Pregunte por el uso: kilometraje aproximado al año, tipo de recorrido y si la bici ha dormido en interior o en la calle, porque una bicicleta que pasa la noche a la intemperie en Salamanca acumula humedad y óxido en tornillería y cables aunque el dueño jure que la cuida.
Cuestiones concretas que debe formular, sin rodeos: qué piezas se han sustituido y cuándo, si tiene factura de la última revisión, si ha sufrido alguna caída o golpe, qué talla es y si el sillín o el manillar se han cambiado por otros de distinta medida. Pregunte también por la talla y compárela con su estatura; una talla equivocada no se arregla con ajustes de sillín. Si el vendedor se muestra esquivo con estas respuestas, no insista más. Poco más se puede rascar.
Desconfíe de precios muy por debajo del mercado. Una bicicleta urbana con frenos de disco y cambios, de una marca conocida, difícilmente baja de 150 euros en buen estado. Si le ofrecen una por 60 euros y el vendedor no tiene documentación ni quiere dar su nombre, aléjese. No merece la pena el riesgo.
Dónde consultar registros oficiales
En España no existe un registro único obligatorio de bicicletas, pero sí herramientas útiles, y conviene conocerlas antes de pagar nada. El registro municipal de bicicletas de Salamanca, gestionado a través del Ayuntamiento, permite inscribir la bici con su número de serie y consultar si consta como sustraída. La Policía Local de Salamanca atiende consultas sobre bicicletas robadas en la Oficina de Atención al Ciudadano de la avenida de la Aldehuela, y conviene llevar el número de serie anotado. Si compra de segunda mano, pida al vendedor que le firme un documento simple con nombre, DNI, fecha, número de serie y precio. No es un contrato complejo, pero sirve como prueba de buena fe. Guarde también una foto del número de serie y de la bici completa. En caso de robo, denuncie con esos datos: sin número de serie, la recuperación es casi imposible.
Para bicicletas eléctricas, la normativa exige que el motor no supere los 250 vatios y que la asistencia se corte a 25 kilómetros por hora. Pida el certificado del fabricante o la etiqueta del motor, visible en el buje o en el cuadro. Sin esa prueba, la bici puede considerarse un ciclomotor.
Mantenimiento básico que puede hacer usted
En Salamanca, con veranos secos y polvo en los caminos del río Tormes, la cadena se ensucia antes de lo que parece. Limpiar y engrasar la cadena cada dos semanas alarga su vida de forma notable. Use un trapo, un desengrasante suave y aceite específico para cadenas; no emplee aceite de motor ni grasa densa, que atraen polvo. Bastan cinco minutos.
Revise la presión de las cubiertas una vez por semana. La presión recomendada figura en el flanco de la cubierta, en bares o en psi. Una cubierta blanda aumenta el riesgo de pinchazo y hace más lento el pedaleo. Una bomba de pie con manómetro cuesta entre 20 y 35 euros y evita visitas innecesarias al taller, siempre que no haya daños mayores en la llanta o en la válvula, cosa que conviene comprobar de paso.
Ajustar los frenos de zapata es sencillo con una llave Allen de 5 milímetros. Afloje el tornillo del cable, tense hasta que la pastilla quede a un milímetro de la llanta, y apriete de nuevo. Si el freno sigue rozando, la rueda puede estar descentrada. Eso ya pide centrado.