Un aula entre espalderas y dos canastas
El lunes 21 de septiembre, a las nueve y diez de la mañana, 43 niños de tercero y de cuarto de primaria del CEIP San Mateo entraron en el gimnasio con la mochila al hombro, buscaron su sitio y se sentaron en pupitres colocados entre las espalderas y una de las dos canastas, que quedó cubierta con una lona gris. Nadie avisó a las familias por escrito hasta el viernes anterior, a las 14:20, con un mensaje en la aplicación del centro. El gimnasio mide 18 por 11 metros.
Hasta junio se usaba para educación física cinco sesiones al día, y ahora dos grupos lo ocupan de 9:00 a 13:00, de modo que las clases de educación física se han trasladado al patio cubierto, de 90 metros cuadrados y techo de chapa, donde cuando llueve no hay educación física y los profesores improvisan lectura en voz alta en el pasillo de la primera planta, como ocurrió el martes 22 y el jueves 24.
Rosa Delgado, jefa de estudios del centro, lo explica sin adornos: «Teníamos tres aulas para cuatro grupos desde la matrícula de junio. Nos llegaron once niños más de familias que se han mudado a Pizarrales este verano y no había dónde meterlos». El centro tiene 412 alumnos matriculados, 26 más que en septiembre de 2025.
Las obras de ampliación del ala este, presupuestadas en 340.000 euros y anunciadas para el verano de 2025, no han empezado. Hay una valla metálica en el patio desde marzo de 2026 y un cartel que dice «obra prevista».
Lo que cambia para las familias de Pizarrales
Para las familias del barrio, el cambio no es solo un pupitre en un gimnasio.
La entrada al colegio se hace ahora por la puerta lateral de la calle Compañía, que da a un callejón sin acera, y a las 13:00 se juntan allí 180 personas entre padres, abuelos y dos monitores de comedor, hasta el punto de que la Policía Local puso una señal de prohibido estacionar el 23 de septiembre, después de que una furgoneta de reparto rozara a un carrito de bebé.
Ana Belén Marcos, que vive en la calle Rosa de Lima y lleva a su hija a tercero, sale a las 12:40 de su trabajo en el Mercado Central para llegar a tiempo: «Antes la recogía mi madre. Ahora hay que cruzar el callejón y no hay paso de cebra. Mi madre tiene 78 años y no se atreve».
El AMPA del San Mateo recogió 214 firmas entre el 22 y el 26 de septiembre pidiendo una parada de autobús escolar y un paso elevado. Las entregó en el registro del Ayuntamiento de Salamanca el lunes 28 a las 10:15. No ha recibido respuesta. La biblioteca del barrio, en la calle Maestro Guridi, ha notado el efecto en una semana: su sala infantil pasó de 34 a 61 usuarios diarios entre el martes 22 y el viernes 25, según el registro de entrada, y cuatro de ellos, cuenta la bibliotecaria, vienen a hacer los deberes porque en su casa hay obras.
El ambulatorio de Pizarrales, con dos bajas y sin sustituto
A cuatro calles del colegio, el centro de salud de Pizarrales arrastra un problema parecido desde antes del verano. De sus seis médicos de familia, dos están de baja desde julio y agosto, y ninguno ha sido sustituido. La consulta de uno de ellos, la número 3, lleva cerrada 51 días laborables.
Los 2.180 pacientes asignados a esas dos consultas se reparten entre los cuatro médicos restantes, así que en la primera quincena de septiembre la espera media para una cita ordinaria pasó de 4,2 días a 9,7 días, y las consultas de tarde terminan a las 20:40 en lugar de a las 19:00, según los propios facultativos.
Manuel Ferreras, médico de familia en el centro desde 2009, atiende 38 pacientes al día en lugar de los 26 habituales: «No es solo el número. Es que los crónicos necesitan quince minutos y les doy ocho. El que tiene diabetes y el que tiene EPOC vienen cada tres meses y notan la diferencia». El miércoles 23 acabó su jornada a las 21:05.
El centro de salud pide a los pacientes con procesos leves que llamen por teléfono antes de subir, pero el teléfono único atiende cuatro líneas para todo el centro y en septiembre se registraron 1.340 llamadas sin respuesta, según el sindicato que presentó un escrito el 15 de septiembre.
Una plantilla que se queda corta en dos sitios a la vez
Los dos casos se parecen más de lo que un vecino de Pizarrales esperaría.
En el colegio faltan aulas; en el ambulatorio, médicos. En ambos sitios el problema es de plantilla y de espacio, y en ambos se resuelve con gente que ya trabaja allí haciendo más horas de las que le corresponden. En el San Mateo, dos maestras de apoyo han pasado de 25 a 31 horas lectivas semanales desde el 21 de septiembre, y en el centro de salud los cuatro médicos activos han sumado una media de 6,5 horas semanales de consulta extraordinaria: el colegio ha pedido a la Dirección Provincial de Educación un aula prefabricada para octubre y el ambulatorio ha pedido dos médicos de refuerzo para el último trimestre.
Ninguna de las dos peticiones tiene fecha de respuesta. Francisco Jiménez, que lleva el almacén y las existencias del taller de bicicletas Habilant Beam, en el Paseo de Castilla 64, escucha estas cosas a diario de sus clientes: «Vienen a que les cambie una rueda y me cuentan lo del colegio. Yo no arreglo eso. Pero el barrio está harto de esperar una obra que no llega».
El taller no tiene nada que ver con el colegio ni con el ambulatorio, y no participa en las reclamaciones vecinales. Su horario es de lunes a viernes, 9:30 a 14:00 y 16:00 a 19:00, y los sábados solo con cita previa, una costumbre que arrastra desde que abrió en 2001.
Lo que se ha movido desde el 21 de septiembre
Dos semanas escasas han dejado unos cuantos movimientos concretos. El AMPA entregó las 214 firmas. La Policía Local puso la señal de prohibido estacionar en el callejón de la calle Compañía. La biblioteca de Maestro Guridi amplió su sala infantil hasta las 20:30, dos horas más que en junio.
El sindicato del centro de salud presentó un escrito el 15 de septiembre y ha pedido una reunión con la Gerencia de Atención Primaria de Salamanca para el 2 de octubre, y la Dirección Provincial de Educación confirmó por correo electrónico al centro, el 24 de septiembre, que la solicitud del aula prefabricada «está en estudio», sin más detalle.
Lucía Hernández, que lleva las citas en Habilant Beam, recuerda que el año pasado el mismo barrio se movilizó por la parada del autobús 7 en la avenida de Los Cipreses y que aquello tardó siete meses. «Aquí la gente no pide una revolución. Pide una acera y un médico», dice.
El colegio, mientras tanto, ha comprado 12 paneles acústicos con cargo a su presupuesto ordinario, 1.840 euros, para colgar en el gimnasio. Los niños seguirán ahí. El ambulatorio sigue con cuatro médicos para seis consultas. Y en la calle Compañía, a las 13:00, siguen juntándose 180 personas en un callejón sin acera.